LA FUNDACIÓN SANTO ROSTRO COMIENZA EL CURSO RENOVANDO SU MISIÓN DE SER «LUZ PARA EL MUNDO»
El pasado jueves 24 de septiembre, festividad de Nuestra Señora de la Merced, la Fundación Diocesana de Enseñanza Santo Rostro celebró su encuentro de inicio de curso 2026/27 en la Casa de la Iglesia de Jaén. Una jornada de encuentro, oración, convivencia y formación que reunió los trabajadores de los tres centros de la Fundación, junto con los patronos y el personal técnico, bajo la presidencia de nuestro Obispo, D. Sebastián Chico Martínez.
La jornada comenzó con la celebración de la Eucaristía, presidida por el Obispo y concelebrada por D. Juan Ignacio, Vicario General y patrono de la Fundación; D. Jesús Díez del Corral, capellán y profesor del centro de Linares, y D. Francisco Javier Cova, Secretario personal del Sr. Obispo.

En su homilía, D. Sebastián invitó a todos los presentes a comenzar el nuevo curso poniendo nuevamente en el centro aquello que da sentido a nuestra misión. A partir del mensaje del libro del Eclesiastés, recordó que «todo pasa, pero Dios permanece» y planteó dos preguntas fundamentales: ¿para qué hacemos todo esto? ¿Qué queremos verdaderamente dejar en la vida de nuestro alumnado?



El Obispo recordó que la misión educativa no puede reducirse a la transmisión de conocimientos o a la consecución de resultados académicos. Educar significa también acompañar a cada alumno/a, cuidar su crecimiento integral y ayudarle a descubrir el sentido de su vida.
A la luz del Evangelio, que nos presenta el deseo de Herodes de «ver a Jesús», D. Sebastián invitó a preguntarnos si nuestros niños/as y jóvenes pueden encontrarse con Cristo a través de nuestra manera de educar. Para ello, señaló la necesidad de tejer redes, cuidar a las personas y construir verdaderas comunidades educativas, donde el Evangelio pueda hacerse visible en la acogida, el servicio, la verdad y el encuentro.
Todo ello quedó unido al lema que acompaña este curso: «Ser una luz para el mundo». Un colegio diocesano está llamado a ser luz educando para la verdad, formando para el encuentro y enseñando el valor del servicio y de la entrega a los demás. Una luz que no busca únicamente el éxito personal, sino que ayuda a descubrir que la vida está llamada a convertirse en un don para los demás.
La celebración concluyó poniendo el nuevo curso bajo la protección de Nuestra Señora de la Merced, con el deseo de que toda la comunidad educativa de la Fundación sea luz para el alumnado, las familias y la sociedad.
Un tiempo para encontrarnos y crecer juntos
Finalizada la celebración eucarística, las galerías de la Casa de la Iglesia acogieron un momento distendido en torno a un café, que permitió compartir conversaciones, experiencias y proyectos entre quienes desarrollan su labor en los diferentes centros de la Fundación.
Posteriormente, nos dirigimos al nuevo salón de actos de la Casa de la Iglesia donde el Director General de la Fundación, D. Andrés Castro, dio la bienvenida y agradeció a todos los asistentes su presencia, destacando la importancia de este encuentro para comenzar el curso unidos, fortalecer los vínculos entre los distintos centros y renovar juntos la misión que la Fundación desarrolla al servicio de la educación diocesana. Tras estas palabras, dio paso a la conferencia sobre LA DIOCESANEIDAD: El “carisma” propio del personal diocesano, impartida por D. Ildefonso Fernández-Fígares Vicioso, doctor en Teología, Canónigo del Cabildo Metropolitano de la Catedral de Granada y Delegado Episcopal para la Educación Católica y Enseñanza Religiosa de la Archidiócesis de Granada.


En su intervención, D. Ildefonso profundizó en el significado de la diócesis y en aquello que caracteriza a un centro educativo diocesano. Recordó que la diócesis no es simplemente una estructura administrativa, sino una comunidad de fe que anuncia, celebra y sirve bajo la guía del Obispo. Desde esta perspectiva, explicó que la diocesaneidad puede entenderse como una manera particular de vivir la pertenencia y la comunión con la Iglesia particular. Los centros diocesanos están llamados a acoger y hacer converger diferentes dones, sensibilidades y carismas, poniendo todos ellos al servicio de una misma misión.


Asimismo, destacó que ser diocesano es una forma propia de estar en el mundo y de educar, haciendo presente a la Iglesia en nuestros pueblos, barrios y comunidades. En este sentido, subrayó la importancia de la colaboración entre los tres pilares fundamentales de la acción educativa diocesana: familia, parroquia y escuela.
La jornada concluyó con las palabras de agradecimiento y ánimo de nuestro Obispo, quien reafirmó el compromiso y el respaldo de la Diócesis de Jaén a la Fundación Diocesana de Enseñanza Santo Rostro y a todos los que desarrollan su misión educativa en sus centros.

Con esta jornada, la Fundación comienza un nuevo curso renovando su vocación de servicio, fortaleciendo los vínculos entre sus centros y reafirmando su identidad diocesana.
Un nuevo curso para caminar juntos, para cuidar a las personas y, sobre todo, para recordar cada día que nuestra tarea educativa tiene un horizonte que va mucho más allá de las aulas: ayudar a nuestro alumnado a descubrir la verdad, el sentido y la esperanza.
Andrés Castro Blanco
Director General de la Fundación santo Rostro
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